17 Jun 2021 - De Sorhaya Salazar
Vivimos en una sociedad en la que todo sucede a velocidad de vértigo y donde el tiempo que estamos dispuestos a esperar para recibir la gratificación tiende a ser cada vez menor. Y la consecuencia de esto es que corremos el riesgo de olvidarnos de que no todo se consigue de manera inmediata .
Piénsalo: un buen vino necesita reposar mucho tiempo. Incluso el mejor piloto necesita de una pista de despegue lo suficientemente larga. Si estás reescribiendo el guión de tu vida seguramente estés ansioso por ver los resultados pero con frecuencia el momento oportuno sólo llega cuando ha transcurrido un tiempo cronológico adecuado. No te impacientes, si estás en ello, el resultado acabará por aparecer.
En este sentido, nos gustaría rescatar la tradición griega respecto al tiempo. Ellos emplean dos palabras diferentes: cronos y kairós. La primera se refiere al tiempo cronológico tal como lo entendemos hoy en día, mientras que la segunda palabras hace referencia al momento indicado en el que las cosas deben suceder.
Tomar consciencia de estos conceptos te proporcionará la paz interior necesaria para disfrutar de los resultados que obtengas pero también del proceso. Cada proceso conlleva un tiempo determinado y es fundamental que ese tiempo transcurra. Si no logras aceptar esta realidad, nunca tendrás la paciencia necesaria para alcanzar tus objetivos.
El mejor momento para empezar a hacer algo no existe. Realmente, el mejor momento es ahora, pero eso no significa que los resultados deban llegar en seguida.
Recuerda: cada proceso exige unos tiempos determinados que necesariamente debes respetar. La paciencia y la constancia son dos virtudes que en la sociedad del “click” parecen haber quedado en segundo plano en contraposición con el importante papel que juegan en la consecución de los éxitos.
Y para que lo entiendas mejor, te lo contamos a través de una metáfora:
Metáfora del árbol del bambú:
El Bambú tiene posiblemente el crecimiento más rápido de todas las especies, llegando a superar los 30 metros por mes. Sin embargo, para que esto suceda es preciso dejar a la semilla el tiempo necesario para que comience su crecimiento: alrededor de siete años. El bambú emplea estos siete años en expandir sus raíces para posteriormente poder crecer a un ritmo vertiginoso. Al bambú le importa poco la prisa que a su alrededor pueden llegar a tener: necesita siete años para empezar a crecer.
Con ciertos procesos sucede lo mismo: necesitan de un tiempo determinado antes de manifestar sus frutos.
Cuando te encuentres cansado de trabajar en una situación que no acabará de ofrecer los resultados esperados, es importante que recuerdes la metáfora del bambú y te preguntes si, tal vez, tu árbol aún necesita desarrollar sus raíces. En ese caso, sigue regando y abonando el terreno; cada semilla requiere un tiempo diferente antes de empezar a dar sus frutos. No hay piedra que pueda resistir la erosión de una gota que caiga durante el tiempo necesario.
Sé valiente, deja actuar a la vida. Descubre el árbol que desea plantar, entierra la semilla y presta la atención que necesita. Recuerda que cada semilla necesita un tiempo de germinación diferente.
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